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No dejo de hacerme esta pregunta. No paro de pensar que nos está pasando. Si ya de por si, en las semanas previas al confinamiento vimos hechos de la consellera que llamaron la atención,

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luego la vimos navegar en un mar de sinrazones que nos hicieron pensar que esta mujer no sabe por donde va.

Pero comencemos. Primero, la sra. Bacerló no supo poner medidas para que los aficionados y periodistas del Valencia que viajaron a Milán en febrero para ver el partido del equipo de Mestalla contra el Atalanta, al volver a España estuvieran controlados. Recordemos que en aquellas fechas, Milán era el centro del virus por excelencia en Europa, no solo en Italia.

Pues a pesar de eso, no se tomó ninguna medida y eso llevó a unos de los primeros casos en España con compañeros de una emisora de radio contagiados y confinados en su habitación del hospital saliendo en las televisiones y radios nacionales. La excusa de la señora es que "no sabía que el Valencia había ido a Milán porque no me gusta el fútbol". Pues señora, hágase ver que asesores tiene Vd.

Más tarde vimos como acusaba a los sanitarios de contagiarse tanto "porque visitaban a sus familiares", con el consiguiente enfado de los propios sanitarios. Eso sin contar que estos sanitarios apenas contaron con material necesario para evitar los contagios. Apenas tenían disponibilidad de los famosos EPI,s, pero lejos de admitir que había una gestión dudosa, se limitaron a hacer publicidad de sus logros como era traer los test importados de China antes que Madrid o la compra de mascarillas.

En la segunda ola vemos una situación llamativa. Al principio éramos la mejor comunidad autónoma en número de contagiados y positivos, éramos los que menos teníamos. Pero no sabemos como (o si, pues hay quien dice que se ha ocultado la verdad, que no es otra que éramos donde menos test se hacían, con lo que el número de positivos era menor, lógicamente) hemos pasado de ser la mejor a ser la peor, con más número de contagiados, de muertos, de presión sanitaria con hospitales llenos, con pasillos y cafeterías de hospitales llenos de camas.

Nadie se pregunta si en lugar de buscar ser la mejor al principio de la segunda ola, se hubiera trabajado en poner encima de la mesa la verdad, si no hubiera sido mejor para evitar ser ahora los peores. Pero la realidad y la verdad al final sale. Estar en esta situación es resultado sin duda de la falta de toma de medidas y apoyos necesarios para contener la ola de contagios. No hay más que ver la evidencia.

Pero lejos de eso se toman medidas de restricción carentes de decisiones previas que palíen los daños causados por esas medidas. Lo que puede llevar a que sea peor el remedio que la enfermedad. Eso sin contar con las contradicciones que vemos a diario como prohibir que abran los bares y restaurantes mientras que vemos el transporte público y otros espacios incontrolados llenos de gente.

O como dejar seguir abiertos los colegios que demuestran que son una fuente de contagios importante comparada con la hostelería, por ejemplo.  El virus está, la enfermedad existe. No hay que dudarlo. Pero las dudas de la gestión y la sensación de un desconocimiento de la realidad por razones políticas también.

La impresión que tenemos muchos es que muchas medidas no se toman por ser impopulares políticamente y prefieren navegar entre las medidas mediocres pero populistas que abordar sumergirse en una toma de decisiones que sean impopulares pero mucho más efectivas a la hora de contener la pandemia. El cortoplacismo de los dirigentes para no ser señalados políticamente tal como hacían ellos en la oposición, no les permite tratar el tema como se debería a fondo. Y eso lleva a muertes, eso lleva a destrucción de la economía, del trabajo. Eso lleva a medidas que en lugar de mejorar, destruyen.

Y eso lo vemos a diario. Más bien disfrazado con detalles como planes de ayudas más demagógicos que realistas.

Abordar medidas que corten esto de verdad llevaría a un impopulismo inicial total que todo mandatario teme, pero el resultado a más largo plazo hubiera sido más que satisfactorio. Ellos sembraron su propio camino de espinas para llegar al poder y ahora no pueden seguirlo. Y a pagarlo el de siempre: el pueblo llano que solo quiere trabajar y vivir tranquilo con su familia.

Ciertamente me cuesta pensar que nadie pida responsabilidades a una más que evidente gestión nefasta y mortal de la pandemia.  Los números no engañan. Somos el país con más muertos "per cápita", los que peor economía tenemos por la gestión de la pandemia, los que más número de sanitarios contagiados tenemos. Y los que peor panorama financiero tenemos. Por algo será.

Y me niego a culpabilizar al pueblo. Me niego. Los dirigentes están para controlar que esto no suceda. Y si no lo han hecho, habría que preguntar por qué. Aunque estudiando algunas medidas del control social de los manuales políticos, podemos ver que se cumplen a la perfección lo establecido. Buscar que el pueblo se sienta culpable para no culpar a los dirigentes. Y lo están consiguiendo en mucha gente. Pero en mi no. Os lo aseguro.

Y un último detalle: ¿os habéis dado cuenta como han dejado de criminalizar a la sanidad privada? ¿Ahí no hay problemas? ¿No hay saturación? ¿No se podía contar con ella para aliviar la situación?

Aunque me da que hacerlo sería certificar que está mejor gestionada que la pública. Quien al frente de ella en España está un filósofo más preocupado en presidir la Generalitat Catalana y al frente de la de Valencia está una abogada muy mal asesorada.

¿Alguien nos dirá la verdad de lo que está pasando en la Comunidad Valenciana?

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