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Amanece silencioso este domingo en una Valencia que debería de explotar por los cuatro costados. Pero no ha sido así. Estamos de duelo.

Las cinco etapas del duelo son bien definidas en psicología y se ponen de manifiesto cada vez que sucede un hecho donde alguien muere o hay una gran desgracia como la de Campanar.
Nuestras emociones han sido sobrexpuestas estos días y llevadas a límites impensables. De ahí que las cinco etapas tenemos que superarlas cuanto antes.

La primera es la de la negación “no me lo puedo creer”, o bien la de pensar que “esto no puede estar pasando de verdad”, que todos hemos sentido alguna vez. Una etapa que nos protege porque inicialmente amortigua el golpe sufrido.

La segunda etapa es la de la ira donde los sentimientos de negación anteriores dan paso a la rabia y el resentimiento, así como la búsqueda de responsables, de ahí que hay quien echa la culpa de alguna muerte a la orden de algún bombero de no salir de casa, cuando es lo que marca el protocolo, protocolo que no ha sido seguido por el fuego de manera inexplicable. Me niego a echar la culpa a los bomberos, me niego sistemáticamente, como niego que el boom inmobiliario de principios de siglo o el arquitecto que diseñó el edificio la tengan tampoco, un arquitecto que me dicen está destrozado por los hechos. .

La tercera etapa es la de la negociación donde nos preguntamos “que hubiera pasado si…” o pensar en estrategias que nos llevaran a evitar el resultado final. Aunque esta etapa la veo muy difusa y efímera dando paso a la cuarta.

La cuarta es la depresión donde la tristeza y la sensación de vacío son el resultado de un conjunto de emociones manifestadas ante la pérdida de un ser querido o un suceso grave. Etapa que se puede mitigar en sociedad con otras personas y colaborar para compartir y minimizar el dolor colectivo.

La quinta y última es la de la aceptación donde asimilamos la pérdida y comenzamos a aprender a vivir con ese dolor para superar estos momentos que hemos vividos y recuperar la capacidad de experimentar de nuevo alegría y placer que ahora tenemos aletargadas por el dolor.

Y es la etapa en la que tenemos que comenzar a navegar para ir recuperando nuestra vida tras el durísimo golpe que hemos sufrido los valencianos en general pero los habitantes del edificio de Campanar en particular y, sobre todo, los familiares de los fallecidos, ha sido descomunal.
En estos días nuestras emociones han sido sobrexpuestas de manera brutal. La cercanía de los hechos nos ha hecho vivir este suceso de manera muy propia, muy íntima.

Comenzaba el jueves pasadas las 17:30 cuando en pleno acto de nombramiento como nuevo académico de honor de la Real Academia de Cultura Valencia de D. Vicente Domínguez Calatayud, nos llegaban los primeros vídeos donde las primeras viviendas prendían ante la impotencia de los vecinos y viandantes que no podían hacer nada.
Poco después nos llegaba el fallecimiento de Voro López, vicepresidente de la propia Real Academia de Cultura Valenciana y gran valencianista que nos dejaba demasiado pronto tras no poder superar un ictus.
A mitad de exposición de D. Vicente Domínguez recibía la llamada de un amigo de la falla Convento quien, casi llorando, me relataba los momentos tensos donde la famosa pareja en el balcón parecía que se iban a lanzar al vacío. Vivir eso allí sin poder hablar por el acto pero escuchando lo que pasaba me hacía sentir lo que sucedía. Afortunadamente la pareja fue rescatada como bien sabéis.
Fue una tarde muy complicada de poder realizar el trabajo encomendado.

Tarde noche vivida con mucha tensión que desembocaba en la tristeza de saber que había fallecidos y varios desaparecidos aún sin cuantificar. Éramos el centro de atención de todas las televisiones de España quienes suspendieron su programación habitual para centrarse en la evolución del incendio pavoroso que estábamos padeciendo en Valencia. Todas las emisoras nacionales dedicaban casi exclusivamente su programación a relatar el desarrollo de los detalles del suceso. Todos miraban nuestra ciudad por algo que nunca hubiéramos querido.

Esperábamos ser centro de atención nacional hoy con la crida que supone en comienzo de las fallas 2024. Una crida que ha sido suspendida por primera vez en la historia. Ni siquiera en 2020, año de la pandemia, se suspendió pues recordemos que las fallas se pararon el 10 de marzo.

No ha sido así, nuestra Valencia es llorada en toda España por las 10 personas que hoy nos faltan como vecinos. Pero Valencia ha dado un gran ejemplo de solidaridad y de ser un gran pueblo que unido es capaz de conseguir logros impensables.

Un ejemplo de sociedad en la que nadie preguntó de donde eres, que religión profesas, a quien quieres, que idioma hablas, de que color eres o a que partido votas. La pregunta fue una sola en voz muy alta de todos los valencianos ¿QUÉ NECESITAS?

La respuesta fue unánime. Todas las puertas se abrieron, todos los corazones se ofrecieron, todos los ciudadanos ahí estuvieron. Todos ayudaron. Todos los valencianos unidos tratamos de formar un muro donde la desgracia no llenara de desazón a los afectados. El mensaje estaba claro, “estamos con vosotros, estamos junto a vosotros, no estáis solos”. Valencia entera, su provincia, su comunidad autónoma os ofrece lo que tenemos.

Estos días hemos sentido un cúmulo de emociones que debemos ordenar para seguir nuestras vidas mirando a los nuestros sin olvidar a los que se han ido.

Amigos, mañana nuestra tierra debe de levantarse, mirar al frente y seguir luchando para seguir siendo lo que somos, un gran pueblo, una gran gente y una tierra rica en valores humanos derrochados en estas 48 horas.

Estoy orgulloso, muy orgulloso de ser valenciano.
¡GRACIAS!

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